9 de cada 10 trabajadores pobres no están sindicalizados - IDESA


Informe Nº: 77921/10/2018

9 de cada 10 trabajadores pobres no están sindicalizados

Importantes autoridades de la iglesia católica argentina mostraron un claro acercamiento a los líderes sindicales tradicionales. Los motivos declarados son la preocupación común por los impactos sociales de la crisis. En este marco, clero y sindicalistas se congregaron en la basílica de Lujan para explicitar sus coincidencias.

El evento coincidió con denuncias penales a sectores sindicales. Esto generó una fuerte polémica por interpretaciones de que la iglesia pretendería condicionar decisiones judiciales. En este contexto quedó en segundo plano la natural preocupación de los líderes católicos por la situación social y la lógica aspiración a que las soluciones pasen por cuidar y promover el trabajo. Dejando de lado la cuestión judicial, parece lógico que el acercamiento institucional sea con quienes legalmente representan a la clase trabajadora.

La duda que subsiste es en qué medida los sectores más postergados están representados por el sindicalismo. Para abordar este tema se puede apelar a la encuesta de hogares del INDEC del 1° trimestre del 2018 que releva la situación laboral de los miembros adultos de las familias pobres. Según esta fuente, en la población con entre 20 y 65 años de edad de las familias pobres se observa que:

  • El 25% se desempeña como asalariado no registrado, es decir, asalariado informal.
  • El 17% se desempeña como cuentapropista.
  • El 48% está desocupado o en la inactividad laboral, o sea, está sin ocupación.

Estos datos muestran que el 90% de los adultos que sostienen a los hogares pobres no está representado por el sindicalismo. Esto se produce porque se desempeñan como trabajadores informales, como cuentapropistas o porque no trabajan. Apenas el 10% de los trabajadores pobres está representado por el sindicalismo por contar con un empleo asalariado registrado sea en una empresa privada o en el empleo público. Esto significa que el sindicalismo está lejos de representar a los sectores más postergados.

La poca representatividad del sindicalismo entre los pobres se explica porque la Argentina tiene un mercado laboral dual. Por un lado, la mitad de los ocupados tienen una inserción laboral formal, obtienen mejores remuneraciones y están representados por el sindicalismo. Por el otro lado, la otra mitad de los ocupados opera en la informalidad y/o trabajando por su cuenta percibiendo ingresos mucho más bajos, intermitentes y sin cobertura social. Dicho de otra manera, la fragmentación del mercado laboral es tan profunda que el sindicalismo representa sólo a la élite de trabajadores que tiene empleo formal. El resto de los trabajadores no están representados por trabajar en la informalidad o por su cuenta.

Que el sindicalismo no represente a los pobres no significa que no tenga poder para reducir la pobreza. La informalidad es un fenómeno fuertemente concentrado entre las pymes. Dada la fuerte asociación entre informalidad y pobreza, trabajar por la formalización laboral es la mejor manera de reducir la pobreza. Uno de los factores más distorsivos en las relaciones laborales es que la negociación colectiva centralizada impone salarios y demás condiciones de trabajo acordes a las empresas más grandes y productivas. Estos convenios colectivos de trabajo discriminan a los pequeños emprendimientos, induciéndolos y legitimándoles la informalidad. Reflejaría una sincera preocupación por la situación social si del diálogo entre la iglesia y los sindicatos se promovieran reglas que permitan a las pequeñas empresas apartarse de los convenios colectivos sectoriales y celebrar acuerdos de empresa entre los pequeños empleadores y sus trabajadores.

La posibilidad de que las pymes se aparten de los convenios colectivos centralizados para negociar reglas laborales adaptadas a sus características es una herramienta muy utilizada en países socialmente avanzados, como Alemania. También podrían iglesia y sindicatos hacer un gran aporte a la justicia social promoviendo el impuesto a las ganancias como pilar para el financiamiento del Estado en lugar de seguir reposando en impuestos regresivos, como los impuestos al trabajo, que son tradición en la Argentina.

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