11/12/2011 -
Número 419

$30 mil millones de aumento del déficit fiscal entre 2008 y 2011‏

El rasgo más destacado del nuevo gabinete es la continuidad. Sin embargo, los desafíos que se avizoran hacia el futuro son significativamente diferentes. Un dato objetivo que sugiere la importancia de los cambios de escenarios que se avecinan para la segunda gestión de gobierno es el profundo deterioro de las cuentas públicas. Salvo que se apele a algún otro tipo de apropiación –como ocurrió con los ahorros previsionales y las reservas del Banco Central– se impone un profundo replanteo en la organización y el funcionamiento del sector público argentino.

El gabinete nacional ha sido ratificado casi en su totalidad. Si bien hubo algunos cambios, estuvieron limitados a cubrir a quienes asumieron otras funciones de gobierno, como es el caso de la Jefatura de Gabinete de Ministros, el Ministerio de Economía y la Secretaría de Agricultura. En general, los reemplazantes tienen las mismas visiones que la de los reemplazados.

Es previsible que se opte por la continuidad desde el momento en que la población se manifestó, amplia y mayoritariamente, a favor de los grandes lineamientos y directrices del gobierno. Sin embargo, los desafíos y las condiciones para gobernar que se avizoran para la segunda etapa de gestión no serán necesariamente similares a los que se dieron en la primera gestión.

 Un dato objetivo, de fuente oficial, que permite ilustrar la pertinencia de esta afirmación es la evolución de las cuentas públicas. Según información publicada por el Ministerio de Economía, durante el anterior ciclo de gobierno, es decir entre los años 2008 y 2011, se  observaron las siguientes tendencias:

• Los ingresos públicos del sector público nacional pasaron de $224 mil millones en el 2008 a $456 mil millones en el 2011, o sea se incrementaron en un 103%.

• El gasto público total pasó de $202 mil millones a $464 mil millones en el mismo período, o sea se incrementó en un 130%.

• Por esta dinámica, el resultado del sector público nacional pasó de un superávit de $22 mil millones en el 2008 a un déficit de $8 mil millones en el 2011.

Los datos muestran que, aunque los ingresos públicos se duplicaron al finalizar la primera gestión, el ritmo de incremento del gasto público fue tan superior que entre los años 2008 y 2011 el déficit del sector público nacional aumentó en $30 mil millones, pasando de un superávit de $22 mil millones a un déficit de $8 mil millones. Esto sugiere que los desafíos de gobierno para el segundo ciclo, al menos desde el punto de vista fiscal, van a ser sustancialmente más complicados que en la primera gestión.

Un rasgo que caracterizó la gestión pública en los últimos años fue el vertiginoso crecimiento del gasto público. Un hito de trascendental impacto se produce en el año 2008, cuando sectores vinculados al campo plantean fuertes resistencias al aumento de las retenciones. Esto puso límites a la posibilidad de financiar un creciente gasto público con mayor presión impositiva. Frente a la encrucijada, la estrategia fue apelar a la apropiación de los ahorros previsionales y a las reservas del Banco Central. En los 10 primeros meses del año 2008, las transferencias desde la ANSES y el Banco Central al Tesoro nacional eran aproximadamente de $12 mil millones; en los primeros 10 meses del año 2011 fueron $28 mil millones. Sin las transferencias de la ANSES y el Banco Central en el año 2008, el resultado fiscal seguía siendo superavitario en $10 mil millones, en cambio, en el año 2011, sin ellas, el sector público nacional pasó de $8 mil a $36 mil millones de déficit fiscal.

En el nuevo periodo, el principal desafío va a ser conciliar las diferentes dinámicas del gasto y los ingresos públicos. Las restricciones son muchas. La presión impositiva está en niveles récord, por lo que mayores aumentos de impuestos podrían instrumentarse pero con altos costos de impopularidad y evasión. El flujo de recursos de la ANSES alcanzó su techo y las reservas excedentes del Banco Central se agotaron, por lo que seguir utilizando más reservas implicará necesariamente presiones sobre el dólar. Por eso aparece la necesidad de disminuir los subsidios, pero esto va a requerir mucha más imaginación y profesionalismo que apelar al sentido solidario de la gente para renunciar a ellos.

Salvo que se produzca un sorpresivo y renovado dinamismo en la economía mundial, o que se apele a alguna otra forma de apropiación, como ocurrió con los ahorros previsionales y las reservas, el gabinete de la continuidad debería prepararse para diseñar e instrumentar políticas muy diferentes a las que se vinieron ejecutando. La principal demanda va a ser revertir el marcado deterioro en la calidad de gestión del sector público.

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