Pobreza educativa en secundaria: ¿cómo es la desigualdad por provincia y nivel socioeconómico?

Terminar la escuela secundaria sabiendo comprender y analizar un texto no es un lujo: es una condición mínima para conseguir trabajo, seguir estudiando y desenvolverse en la vida cotidiana. Cuando ese umbral no se alcanza, hablamos de pobreza educativa, una forma de exclusión que deja a los jóvenes en clara desventaja.

Este informe analiza la pobreza educativa en la escuela secundaria en la Argentina. El indicador mide cuántos adolescentes de 16 y 17 años no logran finalizar el nivel con los aprendizajes básicos en comprensión lectora, ya sea porque abandonan la escuela o porque, aun asistiendo, no aprenden lo mínimo necesario.

Los resultados son contundentes. En 2022, la pobreza educativa en la secundaria alcanzó al 32% de los adolescentes: más de 3 de cada 10 jóvenes no terminan la escuela con los saberes fundamentales. Detrás de este promedio nacional se esconden fuertes desigualdades entre provincias. Mientras que en algunas jurisdicciones la pobreza educativa ronda el 14%, en otras supera el 50%, mostrando una brecha territorial de más de 37 puntos porcentuales.

Además, no toda pobreza educativa tiene el mismo origen. En algunas provincias el principal problema es el abandono escolar, con muchos adolescentes fuera del sistema. En otras, los jóvenes asisten a la escuela pero no logran aprender, lo que revela una exclusión que ocurre dentro del aula.

Las desigualdades también se profundizan según el origen social. A nivel nacional, la pobreza educativa afecta al 60,5% de los adolescentes de hogares de menores ingresos, frente al 25,8% entre los de mayores ingresos. Esta brecha es incluso más amplia que la observada en la primaria y muestra cómo los rezagos de aprendizaje se acumulan y se amplifican a lo largo de la trayectoria escolar.

En conjunto, los datos dejan un mensaje claro: la pobreza educativa en la secundaria no es un problema aislado, sino el resultado de desigualdades que se construyen desde edades tempranas y que el sistema no logra revertir. Reducirla es clave no solo para mejorar la educación, sino también para ampliar oportunidades y evitar que la desigualdad se reproduzca de generación en generación.

Leé el informe completo acá.

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