La Universidad no puede promover la movilidad social

Muchos jóvenes no terminan la secundaria y los que lo hacen egresan con severos déficits de formación. En este contexto, las universidades públicas, más allá de sus problemas de gestión, pierden posibilidades de operar como factor de movilidad social. La misma depende de la mejora en la educación básica.
N° de informe: 1174

La controversia entre el gobierno y las universidades gira en torno al presupuesto. Por un lado, la posición oficial que considera estratégica la preservación del equilibrio fiscal y el mal uso que se hace de la autonomía universitaria con una administración dispendiosa y poco transparente de los recursos públicos. Por el otro, los planteos que señalan que el deterioro en el presupuesto provoca una asfixia financiera muy destructiva para las universidades. 

Las marchas universitarias desplegadas en varias ciudades fueron masivas y con participantes heterogéneos. Hubo dirigentes cuya principal motivación es la defensa de intereses espurios tanto internos como externos a las universidades. Pero sin duda que mucha gente se sintió convocada porque considera que restringir el presupuesto universitario implica cercenar una herramienta de movilidad social. Este ideario está justificadamente fundado en el hecho de que muchas generaciones de argentinos lograron ascender en la escala social gracias a un título obtenido en la universidad pública y gratuita.

Una pregunta que cabe hacerse es en qué medida la universidad sigue operando como factor de movilidad social. Para responderla un punto de análisis fundamental es cuán preparados están los jóvenes para abordar el desafío de iniciar una carrera universitaria. En este sentido, según datos de la Secretaría de Educación en el 2024 se observa que:

  • Sólo el 59% de los jóvenes termina la secundaria a los 18 años.
  • De estos jóvenes, menos del 18% tiene niveles de conocimiento en lengua y matemática satisfactorios o avanzados.
  • Esto implica que apenas el 10% de los jóvenes de 18 años terminan la secundaria a tiempo con conocimientos satisfactorios o avanzados.

Estos datos muestran que 9 de cada 10 jóvenes abandonan la secundaria o egresan con severos déficits formativos. Por lo tanto, aun cuando la universidad pública y gratuita funcionara con altos estándares de calidad y eficiencia, su contribución a la movilidad social sería marginal porque sólo una minoría de jóvenes puede acceder con chances de éxito a ella. Además, la mayoría de los jóvenes que tienen conocimientos apropiados para la universidad provienen de escuelas privadas cuyas familias ya son de clase media. 

Los pésimos resultados en la educación básica son consecuencia de una multiplicidad de factores. Pero uno de decisiva importancia son los malos incentivos en la gestión educativa. Un impacto particularmente negativo se deriva de los estatutos docentes muy arcaicos y procedimientos muy burocráticos. Es muy desalentador para los docentes –eslabón central en el proceso educativo– que no haya reconocimiento económico ni extraeconómico al compromiso y al resultado en el aprendizaje de sus alumnos. El estímulo a la mediocridad, la precariedad en la infraestructura, los excesos de burocracia y el rechazo a medir y difundir resultados contribuyen a consolidar la profunda decadencia del sistema educativo. 

Como en todos los órdenes de un régimen federal, los buenos resultados de las políticas públicas exigen una adecuada coordinación entre el gobierno nacional y los gobiernos provinciales. En este aspecto hay factores que degradan el sistema educativo. En particular, si bien la educación básica es responsabilidad exclusiva de las provincias, históricamente, la Nación se entrometió en la gestión. Por un lado, con una paritaria docente nacional improcedente ya que la Nación no paga los salarios docentes. Por el otro, con programas nacionales que tratan de suministrar ayudas puntuales a las provincias, pero cuyo principal impacto es aumentar el dispendio de recursos y diluir responsabilidades provinciales. 

En este sentido, el gobierno nacional hizo avances para encuadrarse en la lógica de la organización federal. Un paso muy trascendente es la desactivación de la paritaria nacional.  Otras áreas de competencia nacional que pueden contribuir a revertir el deterioro de la educación básica es fortalecer la producción y difusión de resultados y modernizar la Asignación Universal por Hijo (AUH). Simplificar sus condicionalidades y sustituir la rústica libreta de papel por cruces informáticos permitirá dar estímulos económicos más claros y potentes a las familias para que hagan el esfuerzo de que sus hijos no abandonen la escuela. 

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