Crece la producción, pero cae el empleo

La adaptación de las empresas a la estabilidad y la competencia explica parte de la caída en el empleo formal, aun cuando el PBI aumenta. Pero también hay destrucción de empleo debido a las trabas que ponen los malos impuestos, la falta de crédito y la deficiencia en infraestructura. Por eso es urgente acelerar las reformas.
N° de informe: 1169

El presidente Milei recientemente reconoció que los procesos de mejoras no avanzan a la misma velocidad. Es un gran logro la reducción abrupta de la inflación, luego de haber estado en noviembre del 2023 al borde de la hiperinflación, más allá de que se resista a seguir bajando. También es muy positiva la recuperación de la producción que, según el EMAE, en los dos años de gestión aumentó más del 6%. Por otro lado, la pobreza bajó al 28%, un nivel similar al que tenía en el 2017, año previo a que se desatara la crisis inflacionaria.

El punto más débil se da en el mercado de trabajo. En el 2025 hubo un leve aumento de la tasa de desempleo y el tipo de empleo que más creció fue el cuentapropismo informal. En términos de empleos asalariados registrados en el sector privado se observa una caída de 200 mil trabajadores entre noviembre del 2023, antes que asumiera el actual gobierno, y diciembre del 2025. En este contexto, no sorprende que el salario real formal promedio esté en un nivel similar al que tenía en noviembre del 2023.

¿Cómo se explica la destrucción de empleos en un contexto de crecimiento del PBI? Para responder la pregunta sirve el análisis intersectorial. Según datos del Ministerio de Economía y la Secretaría de Trabajo, entre noviembre del 2023 y diciembre del 2025, se observa que:

  • Hay 4 sectores (agro, pesca, educación y comercio) donde crece el PBI y el empleo asalariado formal privado crece o al menos no cae.
  • Hay 4 sectores (salud, servicios comunitarios, industria y construcción) donde baja el PBI y también el empleo.
  • Hay 6 sectores donde crece el PBI, pero el empleo se reduce. 

Estos datos muestran que detrás de la destrucción de 200 mil empleos, hay fenómenos muy heterogéneos. Aparecen sectores, como el caso de la construcción y la industria, en los que la reducción del empleo está asociada a una caída en la producción. En sentido contrario, en otros sectores, como el agro y la pesca, la expansión de la actividad implicó aumentar las contrataciones. Pero hay un grupo muy importante de sectores –donde se destaca la intermediación financiera, minería y los hidrocarburos– en los que aun con aumento en la producción el nivel de empleo se reduce. 

Parte de la destrucción de empleos es consecuencia de empresas que reorganizan sus modos de producción para adaptarse a las nuevas reglas de juego. La baja de la inflación y la mayor integración al mundo exigen mayores niveles de eficiencia. En estos casos, las pérdidas de empleo forman parte de un proceso complejo y costoso, pero muy necesario. Esta reconversión se da de manera transversal en todos los sectores. Incluyen a sectores con caída en la producción, como es la industria manufacturera, pero también en sectores que muestran gran dinamismo, como la actividad financiera, hidrocarburos y minería.

Otra parte importante de la destrucción de empleos se explica por reglas que desalientan la producción y la generación de empleos. La falta de crédito, malos impuestos, excesos de burocracia y deficiencia en la infraestructura generan condiciones que inducen o directamente fuerzan a las empresas a ajustar sus planteles de trabajadores. Es un fenómeno muy negativo, tanto desde el punto de vista social como de eficiencia económica, cuyo origen es una larga acumulación de malas decisiones de políticas públicas a lo largo del tiempo. Un caso paradigmático se da en la construcción. La depresión en este sector, asociada a la reducción en la inversión en infraestructura y falta de crédito, explica un tercio del total de la caída en el empleo asalariado formal. 

La destrucción de empleos no es negativa si la motiva la reconversión de las empresas para aumentar su competitividad. Pero es un proceso social y económicamente muy negativo si es la consecuencia de las demoras en la modernización del sistema tributario, regulatorio y de infraestructura para la producción. Por eso, el contexto actual exige acelerar las reformas.

IN 1169

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