Crecimiento económico sin mejora del empleo

En los dos últimos años creció la producción, pero empeoraron los indicadores laborales. La principal explicación a esta paradoja son las trabas que impone el entorno regulatorio a la generación de empleo. Para dinamizar el mercado de trabajo se necesita darle continuidad al proceso de reformas estructurales.
N° de informe: 1166

El INDEC informó sobre la situación del mercado laboral en el último trimestre del 2025. La sorpresa fue el aumento en la tasa de desempleo que pasó de 6,4% en el último trimestre 2024 a 7,5% de la población activa en el último trimestre 2025. Lo más relevante es que el incremento en el desempleo no fue consecuencia de que más gente ingresó al mercado de trabajo sino de una reducción del empleo total.  A esto se agrega un deterioro en la calidad del empleo. Cae el empleo asalariado registrado y crece el cuentapropismo. El único componente dinámico dentro del total de ocupados es el cuentapropismo informal, esto es, trabajadores autoempleados que no están registrados ni siquiera en el Monotributo.

En paralelo, el INDEC actualizó la información sobre las cuentas nacionales. El dato más destacado es que el PBI acumula dos años de crecimiento. Esto no alcanza para romper un ciclo de 12 años de estancamiento en la producción total, pero muestra que el ordenamiento macroeconómico, la baja de la inflación y la mayor integración al mundo van juntos con la recuperación de la economía.       

Tomando la información del INDEC se puede sintetizar de manera simplificada estas tendencias en la producción y el empleo. Comparando el cuarto trimestre del 2025 con igual periodo del 2023 se observa que:

  • El Producto Bruto Interno (PBI) acumula un aumento del 4,8%.
  • El empleo urbano total cayó en esos dos años en unos 60 mil trabajadores.
  • El empleo asalariado registrado en empresas cayó en casi 190 mil trabajadores.

Estos datos muestran una alta divergencia entre la dinámica de la economía y el empleo. Mientras la producción se recupera, el empleo total está estancado y, como lo señala la caída en el empleo asalariado privado registrado, prevalecen las empresas que despiden trabajadores. En parte, esto es un fenómeno asociado a la adaptación de muchas empresas al contexto de estabilidad y mayor integración al mundo. Pero también es consecuencia de que subsiste un entorno tributario, regulatorio y de deficiente infraestructura física e institucional que, de manera muy diferente entre sectores, conspira contra la competitividad y sus posibilidades de sostener y expandir los niveles de empleo. 

El heterogéneo comportamiento entre sectores refleja este fenómeno. El crecimiento en la producción registrado en los dos últimos años se apoya decisivamente en el sector agropecuario, energía, minería e intermediación financiera. En general, son sectores caracterizados por la alta generación de valor agregado con baja intensidad de empleo y en la mayoría de casos alejados de los centros urbanos. En el otro extremo aparecen sectores como construcción, industria y comercio que siguen sin salir del crónico aletargamiento. Algo similar ocurre con el resto de los servicios que tienen una ponderación muy importante desde el punto de vista del empleo urbano.

¿Cómo imprimirle dinámica a las actividades generadoras de empleo? Por un lado, mantener la disciplina fiscal e ir más rápido hacia el régimen monetario definitivo, contribuyendo a la previsibilidad y la expansión del crédito. Por el otro, dándole continuidad al proceso de reformas estructurales. La sanción de la ley de modernización laboral es un hito importante. El próximo paso es abandonar la estrategia del gradualismo tributario, esto es, dejar de supeditar la baja de impuestos distorsivos a que haya espacio fiscal. Hay que aceptar que el principal problema no es la alta presión impositiva, sino el peso que tienen dentro de la presión impositiva los impuestos distorsivos. Por esta razón la reforma debe fortalecer los mejores impuestos –como IVA y Ganancias– para eliminar los malos impuestos –como Ingresos Brutos y tasas a las ventas municipales– sin comprometer el equilibrio fiscal

En un entorno de economía cerrada e inflacionaria, como el prevaleciente hasta el 2023, los problemas de competitividad se disimulaban. Las pérdidas de empleo en los dos últimos años no son consecuencia de la estabilidad económica y la integración al mundo sino de malas regulaciones e impuestos y de la deficiente infraestructura. Por eso, el camino no es volver al desorden macroeconómico sino ir más rápido en las reformas estructurales. 

IN 1166

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