El dólar estaba quieto porque la economía está paralizada - IDESA


Informe Nº: 82111/08/2019

El dólar estaba quieto porque la economía está paralizada

En los últimos días el valor del dólar tuvo un leve aumento poniendo nuevamente en agenda el tema de la fragilidad cambiaria. A los problemas estructurales que persisten de larga data, se le agrega la intensificación de la incertidumbre política y un contexto internacional más convulsionado debido a la profundización del conflicto entre Estados Unidos y China.

La decisión del Banco Central de China de aplicar una pequeña devaluación del yuan es interpretada por los Estados Unidos como una reacción a las tarifas que aplicaron a los productos chinos. Donald Trump la consideró como una “manipulación” del tipo de cambio por parte de los chinos para sacar ventajas en el comercio con Estados Unidos. El resultado es un fortalecimiento del dólar que impactó en todo el mundo, incluyendo la Argentina.

Sin minimizar la importancia de estos factores externos, resulta necesario evaluar las razones internas que determinan la relativa tranquilidad del dólar en los últimos meses y sus consecuencias. Para ello es útil apelar al balance cambiario del Banco Central que registra las compras y ventas de dólares en el mercado oficial. Tomando los principales factores de demanda y oferta de dólares, entre el primer semestre del 2018 y el mismo período del 2019 se observa que:

  • La oferta de dólares de los exportadores se mantuvo estable en unos U$S 26 mil millones.
  • La demanda de dólares para atesoramiento se redujo en aproximadamente U$S 2,6 mil millones.
  • La demanda de dólares para importaciones cayó en U$S 8,8 mil millones.

Estos datos muestran que en el corriente año hay una menor presión sobre el mercado de cambios. Pero esto no es producto, como se esperaba, de una mayor entrada de dólares por exportaciones, fundamentalmente del campo. El factor clave para la tranquilidad cambiaria es la menor demanda de dólares para atesoramiento y, fundamentalmente, por la brusca caída en las importaciones. En este proceso, las muy altas tasas de interés juegan un rol central desalentando el atesoramiento de dólares y, vía recesión, induciendo la caída en las importaciones. En otras palabras, el dólar está calmo precisamente porque la economía está paralizada.

Esta precaria condición sobre la que se sostiene la estabilidad  del dólar es la que descalifica por inconsistentes muchas promesas hechas en la campaña electoral. Por ejemplo, las promesas de reactivar el consumo “poniendo más plata en el bolsillo de la gente”, bajar la tasa de interés para fomentar la inversión y el empleo o relajar el ajuste fiscal. Cualquier combinación de estas medidas, bajo las actuales condiciones, implicará aumentar la demanda de dólares para atesoramiento y para pagar mayores importaciones. Sin mayor oferta de dólares, el aumento en la demanda de dólares hará que la situación cambiaria vuelva a desestabilizarse.

El camino para salir de esta encrucijada es aumentar la oferta de dólares. La vía genuina y sostenible de hacerlo es multiplicando las exportaciones en base a una mayor productividad. Condición ineludible para ello es un profundo reordenamiento del Estado. Entre otros temas, es necesario abordar con una estrategia acordada entre la Nación y las provincias un replanteo tributario para eliminar, simplificar y unificar impuestos, reformar el sistema previsional moderando el crecimiento del gasto donde es más inequitativo, eliminar organismos nacionales que se superponen con funciones provinciales y municipales e incorporar en la gestión nuevas tecnologías. Asimismo, hay que desplegar un agresivo plan de infraestructura junto con la modernización de las regulaciones de los mercados.

Lamentablemente, estos temas no fueron abordados ni elípticamente en la campaña electoral. Esto demuestra que aunque pasaron más de tres décadas desde la recuperación de la democracia sigue prevaleciendo una profunda inmadurez. No se asume que la inestabilidad cambiaria, la inflación, la recesión y el ajuste fiscal son las consecuencias del oportunismo y la falta de seriedad de las promesas hechas en las campañas del pasado.

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