Incluso los sectores más dinámicos destruyen empleos

La economía muestra vaivenes y comportamientos muy disímiles entre sectores. La faceta más preocupante es la destrucción de empleos formales. Contemplar la eliminación definitiva del cepo junto con la independencia del Banco Central y acordar con las provincias la reforma tributaria y funcional son reformas estratégicas.
N° de informe: 1184

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de mayo 2026 mostró una caída del 0,5% mensual en la serie desestacionalizada. Es la continuidad de una tendencia que se inició a comienzos del año pasado. Con oscilaciones entre meses, la economía está estancada a nivel general pero con grandes diferencias entre sectores. Mientras que la baja de la inflación es el logro más importante, el estancamiento económico y sus consecuencias sobre el funcionamiento del mercado de trabajo son los puntos más preocupantes.

En los últimos dos años prácticamente la totalidad del aumento en el empleo fue de la mano del cuentapropismo no registrado. En contrapartida, las empresas privadas muestran caídas en los niveles de empleo formal. Esto influye en las remuneraciones que acumulan pérdidas reales desde el 2018 cuando se acelera la inflación. En los últimos dos años, ya con la inflación controlada, tampoco hubo recuperación de manera que los salarios reales hoy están en un nivel similar al que tenían a fines del 2023. 

Para entender el fenómeno que se está dando en el mercado de trabajo es interesante analizar la desagregación por sectores. En este sentido, según datos del INDEC y de la Secretaría de trabajo, entre noviembre del 2023 y mayo del 2026, se observa que:

  • Industria, construcción y comercio muestran caídas en el nivel de producción del orden del 9% y en el empleo formal de 6%
  • La actividad financiera creció 12% pero el empleo cayó 6%.
  • Petróleo, gas y minería crecieron 37% en promedio pero el empleo se redujo un 9%.

Estos datos muestran que las dinámicas productivas entre sectores son muy diferentes. En los sectores más intensivos en empleo, como la industria, construcción y comercio (representan aproximadamente el 45% del empleo total), caen la producción y destruyen empleo. En los sectores extractivos y la intermediación financiera crece fuerte la producción, pero también destruyen empleo. Salvo la actividad agropecuaria, que es la única que muestra aumentos en el nivel de actividad y empleos, en el resto de los sectores dinámicos la reconversión y el cambio tecnológico llevan también a que caiga el empleo

Para revertir esta tendencia hay que desmontar una enorme cantidad de políticas públicas equivocadas acumuladas en las últimas décadas. Se han hecho avances importantes, entre los que se destacan el equilibrio fiscal, la ley de modernización laboral y el proceso de desregulación. Pero persisten una serie de factores que ponen trabas a la producción y desalientan la generación de empleos de calidad. El listado de temas pendientes sigue siendo muy frondoso y desafiante. De la velocidad y secuencia con la que se aborde depende la reversión de las dinámicas negativas que se observan en el mercado de trabajo. 

En este sentido, la reforma de la carta orgánica del Banco Central es pertinente porque es la oportunidad para aumentar la confianza de que el equilibrio fiscal es una política de Estado. Pero también es la oportunidad para terminar de desmantelar el cepo aprovechando que los sectores más dinámicos en la generación de divisas (agro y extractivas) están en expansión. Eliminar lo que queda del cepo y tomar los recaudos legales para impedir que se restablezca en el futuro es un instrumento muy potente para dinamizar el crédito y por esa vía reactivar la producción. Más importante aún es avanzar en el acuerdo de coordinación fiscal entre la Nación y las provincias para ordenar impuestos y funciones nacionales, provinciales y municipales. Particularmente importante es crear el Super IVA para que las provincias puedan eliminar Ingresos Brutos y los municipios las tasas que gravan las ventas.

Los logros acumulados en materia de equilibrio fiscal y reducción de la inflación no justifican subestimar los problemas pendientes. La masiva destrucción de empleos es una alarma clara y contundente. Conviene escucharla no sólo por las secuelas sociales negativas que se derivan del deterioro en el empleo sino también porque erosiona la sustentación política de las reformas modernizadoras que está encarando el gobierno.

IN 1184

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