Suben las exportaciones, caen las inversiones

El equilibrio fiscal y el crecimiento de las exportaciones contrastan con la caída en la inversión y el deterioro en la calidad del empleo. Urge terminar de normalizar la economía para que la gente sienta los beneficios de la estabilidad con crecimiento de la producción y el empleo de calidad.
N° de informe: 1192

Los indicadores del mercado laboral urbano para el 2º trimestre del 2026 no arrojaron sorpresas. El desempleo tuvo un leve aumento a pesar de que creció el empleo. Sin embargo, todo el crecimiento neto del empleo fue informal. Los datos administrativos del SIPA de empleo registrado muestran que entre el 4º trimestre del 2023 y el 2º trimestre del 2026 se perdieron 260 mil empleos asalariados privados registrados y 150 mil empleos públicos nacionales, provinciales y municipales. Esto fue compensado parcialmente por un aumento en el Monotributo de unos 150 mil empleos. Por otro lado, la encuesta de hogares del INDEC muestra que el empleo asalariado no registrado no creció. Lo que creció fue el cuentapropismo no registrado que lo hizo en 250 mil personas. La crónica degradación del mercado de trabajo muestra que ahora el deterioro se canaliza vía el cuentapropismo informal.

Mientras tanto las cuentas nacionales muestran que el PBI en el 2º trimestre del 2026 experimentó una caída de 0,6% respecto al trimestre anterior. Si se compara el 4º trimestre del 2023 con el 2º trimestre del 2026 el resultado es positivo en un 6% del PBI. De estimaciones para el 2026 de crecimiento entre el 3% y el 5%, la actualización de las proyecciones llevó a moderar el incremento del PBI al entorno del 2%. Para una economía estancada desde hace más de una década esta dinámica resulta insatisfactoria.

La desagregación por componente del crecimiento permite indagar los factores subyacentes en esta dinámica e identificar fortalezas y debilidades. Según el Ministerio de Economía en el período que va entre el 4º trimestre del 2023 y el 2º trimestre del 2026 se observa que: 

  • Las exportaciones crecieron un 38%.
  • El consumo privado creció un 8%.
  • La inversión productiva cayó un -4%.

Estos datos muestran que la economía creció de la mano de un fuerte aumento de las exportaciones.  Si bien de manera dispar, el crecimiento de las exportaciones es en todos los grandes rubros. Las exportaciones de combustibles y energía se duplicaron, la de productos primarios crecieron 74% y la de bienes industrializados creció un 30%. En general se caracterizan por ser intensivas en recursos naturales. En contraposición, las actividades urbanas que son más empleo intensivas están estancadas e incluso en leve caída. Por esta razón no es extraño que se destruyan empleos formales y que se compensen con empleos cuentapropistas informales que, en definitiva, son empleos de supervivencia.

El programa económico tiene puntos de alta solidez como el equilibrio fiscal y la expansión de las exportaciones. Son fortalezas muy relevantes porque los déficits fiscales y la escasez de dólares fueron los típicos factores desequilibrantes en la historia económica argentina. Entre los puntos de mayor vulnerabilidad aparece la política monetaria cuyo efecto no deseado es que limita la expansión del crédito. Esto –junto con deficiencias estructurales como impuestos distorsivos, precaria infraestructura y baja calidad de los servicios públicos– explica que el consumo crezca poco y la inversión caiga. Lo más preocupante es que bajo estas condiciones es natural que persista la incertidumbre respecto a la posibilidad de reversión del rumbo económico. No hay temor por una crisis inminente como solía ocurrir en el pasado, pero crecientes dudas emergen sobre cómo se plasmará la insatisfacción de mucha gente en las próximas elecciones.

La manera de despejar las incertidumbres es terminar de normalizar la economía. Es imprescindible dar de baja definitivamente al cepo cambiario para tener un tipo de cambio único, libre y de mercado, sin intervenciones del Estado en los mercados de futuros u otras maniobras subrepticias. También relajar los agregados monetarios para bajar la tasa de interés y motorizar el crédito al consumo y a la producción. En paralelo, hay que avanzar con un acuerdo de coordinación tributaria y de responsabilidades entre la Nación y las provincias para lograr un ordenamiento integral de los impuestos nacionales, provinciales y municipales y eliminar superposiciones de gastos nacionales con los provinciales y municipales.

Exagerar el objetivo de bajar la inflación lleva a descuidar otros objetivos importantes. Es prioritario y urgente que la gente sienta los beneficios de una economía ordenada donde además de la estabilidad de precios haya oportunidades laborales para prosperar. Caso contrario, los riesgos de volver al populismo se incrementarán.

IN 1192

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn

Alta eficacia en la elaboración de informes para revelar información precisa sobre las más diversas áreas de investigación.

¡Suscribite al newsletter!