El deterioro de la educación se revierte mejorando la gestión

Los resultados en las pruebas PISA son muy frustrantes y preocupantes. No se justifican por el deterioro socioeconómico sino por haber centrado la política educativa en el presupuesto. La experiencia de otros países demuestra que con mejores incentivos se pueden lograr mejores resultados.
N° de informe: 1191

Las pruebas PISA son una evaluación internacional ejecutada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Se realiza cada 3 años a jóvenes de 15 años de edad que estén escolarizados, con el objetivo de medir sus competencias en lectura, matemática y ciencias en vista a su ingreso al mercado laboral. Se realizan desde el 2000 y recientemente se conocieron los resultados para 2025, donde participaron 91 países a través de una muestra de 760.000 alumnos que representan a 33 millones de jóvenes. La evaluación se hace en base a puntajes cuyo nivel de referencia son 500 puntos. En base a estos puntajes se estima la proporción de jóvenes con habilidades insuficientes, aquellos con habilidades básicas y los que tienen habilidades aptas para el mercado laboral. 

La caída en las habilidades de los estudiantes argentinos es inquietante. El deterioro es persistente y se observa en todas las competencias que se evalúa. Los resultados que muestran las pruebas del 2025 resultan muy frustrantes. Tomando como referencia la evaluación de competencias en lectura aparece que el 60% de los jóvenes tiene insuficiente capacidad de lectura y un 24% tiene capacidades básicas. Esto implica que sólo un 16% tiene capacidades apropiadas para conseguir un buen empleo formal. En la evaluación del año 2000 este porcentaje de jóvenes que entendían lo que leen era del 30%. 

El argumento al que se apela en Argentina para justificar los malos resultados es el deterioro socioeconómico. Esto aumenta la relevancia de hacer una comparación con Perú, un país socioeconómicamente más rezagado que Argentina. Tomando el dominio de lectura según los datos de PISA se observa que: 

  • En el 2000 Argentina obtuvo 418 puntos y Perú 327 puntos.
  • En el 2018 Argentina bajó a 402 puntos y Perú subió a 401 puntos.
  • En el 2025 Argentina volvió a bajar a 389 y Perú bajó a 390 puntos

Estos datos muestran que la decadencia educativa argentina se remonta como mínimo a comienzos del presente siglo. Resulta muy sugerente que Perú, un país con un PBI per cápita equivalente a dos tercios del de Argentina, tuvo progresos significativos en los resultados educativos llegando a igualar a la Argentina. Dentro de los factores que explican esta tendencia se destaca la reforma iniciada en 2007 por Perú orientada a la meritocracia, la evaluación e incentivos a los docentes. El proceso estuvo condicionado por la fuerte resistencia de los sindicatos docentes, sin embargo, igual se logró mejorar la gestión.

En la Argentina, la política educativa estuvo centrada en el presupuesto. Esto se plasmó en la sanción de varias normas que tuvieron amplio apoyo político y académico orientadas a aumentar la inversión en educación. La contrapartida fue descuidar las reglas bajo las que se administran estos recursos. La experiencia de Perú muestra que con los mismos recursos se pueden conseguir mejores resultados. La clave es ser menos funcional a los intereses corporativos y más sensibles con los aprendizajes de los alumnos. Por eso, el principal desafío para revertir la decadencia educativa argentina no es agrandar el presupuesto sino cambiar las reglas de gestión de la educación.

La profundidad de la crisis y la caída en la natalidad deberían ser razones suficientes para cambiar de estrategia. Hay cada vez menos niños, por lo tanto, el sistema contará con más recursos por alumno de manera automática. Esto debería llevar a hablar menos del presupuesto y más de la gestión. Puntos medulares son dejar claramente explicitado que la responsabilidad por los resultados educativos es exclusiva de las provincias (artículo 5º de la Constitución Nacional). La Nación no debe interferir y debe concentrarse en medir y difundir los resultados educativos de las provincias. Esta es la mejor manera de presionar a las provincias a que mejoren la gestión. Un paso decisivo es abordar la modernización de los vetustos estatutos docentes para dejar de premiar la mediocridad y comenzar a reconocer el esfuerzo de los docentes que se comprometen con el aprendizaje de sus alumnos. 

La idea de que la Argentina es el país con los mejores recursos humanos de la región es nostalgia. Las nuevas generaciones desde hace bastante tiempo tienen una preparación similar o peor que el promedio de la región. Asumir esta realidad es el factor movilizante para tomar la baja de la natalidad como la oportunidad para mejorar la gestión educativa.

IN 1191

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