Se contrataron 2 docentes por cada 3 nuevos alumnos - IDESA


Informe Nº: 50504/08/2013

Se contrataron 2 docentes por cada 3 nuevos alumnos

En la campaña electoral abundan los discursos de contenidos superficiales, sobrecargados de autoelogios y descalificaciones al adversario. En contrapartida, prevalece la ignorancia y la autocomplacencia respecto a problemas muy trascendentales. Uno particularmente importante es el deterioro de la educación pública. Los ciudadanos pagan niveles récord de impuestos para sostener el gran crecimiento en la inversión pública en educación. Pero este esfuerzo está siendo derrochado debido a una gestión educativa de muy baja calidad.

Se avecinan las elecciones en las que se definirá el recambio en el Congreso y el perfilamiento de cara a las elecciones presidenciales del año 2015. Las campañas de los candidatos están recargadas de propaganda teñida de alabanzas a la figura propia y descalificación a la del contrario, incluso entre líneas internas de un mismo partido. Como contracara, es notable la carencia de diagnósticos y propuestas rigurosas sobre temas trascendentales como es el caso de la educación.

La inversión pública en educación creció en los últimos años de manera muy importante. Desde un nivel de 4% del Producto Bruto Interno (PBI) en el año 2004, cuando comienza la gran bonanza de la última década, actualmente supera el 6% del PBI. Esto da motivo a la autocomplacencia entre gran parte de la dirigencia política. Prevalece la visión simplista de considerar que, por el sólo hecho de incrementar los recursos, la mejora en la educación se da de manera espontánea y automática.

En este marco resulta pertinente analizar la información oficial sobre matrícula y cargos docentes que recientemente el Ministerio de Educación de la Nación actualizó. Tomando a las escuelas de gestión estatal entre los años 2004 y 2011 se observa que:

· La matrícula del nivel inicial, primaria y secundaria de todo el país se incrementó en apenas 98 mil alumnos, es decir, aumentó sólo un 1,4% en 7 años.
· La cantidad de cargos docentes, en cambio, creció un 16,7% como consecuencia de la creación de 67 mil nuevos cargos en los 7 años.
· Esto significa que en las escuelas estatales se nombraron 2 docentes por cada 3 nuevos alumnos.

Estos datos oficiales aportan indicios fuertes sobre la muy baja eficacia con la que se está administrando el inédito nivel de inversión en educación. Si bien hay excepciones, prevalece como tendencia usar la mayor parte de los recursos adicionales para contratar más docentes y aumentar los salarios, sin considerar la calificación, el esfuerzo y el compromiso de cada uno de ellos con el aprendizaje de sus alumnos. Así, se llega a que actualmente en las escuelas de gestión estatal en los tres niveles de educación hay 7,2 millones de alumnos y 465 mil cargos docentes. O sea, hay 15 alumnos por cada cargo docente.

En paralelo, las evaluaciones internacionales de desempeño educativo colocan a la Argentina en franco retroceso. Las familias perciben este deterioro y optan por enviar sus hijos a las escuelas de gestión privada. Prueba de ello es que este sector del sistema educativo explica el 80% del crecimiento en la matricula en los últimos 7 años. La masiva migración hacia las escuelas privadas contrasta con el hecho de que entre la gran mayoría de los padres prevalece un sentimiento de cariño y reconocimiento muy grande por las escuelas estatales en las que ellos mismos se formaron. El sacrificio que implica pagar una escuela privada pone de manifiesto el nivel de resignación que les genera el deterioro de las escuelas estatales sometidas a permanentes conflictos gremiales y desidia en la gestión.

En igual sentido, el estancamiento en la matricula en las escuelas estatales sugiere la baja eficacia de la Asignación Universal por Hijo como mecanismo que estimule la permanencia en el sistema educativo. Mientras que en otros países los programas de transferencias condicionadas impactan positivamente en la escolarización de los hogares más pobres, en la Asignación Universal por Hijo este efecto se diluye debido al vetusto diseño y los rústicos mecanismos de control utilizados (la Libreta de Salud y Educación). 

La desidia en la gestión y la autocomplacencia ante la mediocridad parece ser la regla. Nunca se pagó tantos impuestos como en la actualidad. Pero esto no es recompensado con más y mejores servicios porque gran parte de los recursos públicos son derrochados; incluso los que son asignados a fines sociales. En este marco, resulta desolador que en el debate eleccionario siga sin emerger una toma de conciencia clara de que para tener mejor educación no alcanza con incrementar la inversión educativa sino que es imprescindible aumentar la calidad de la gestión. Esto demanda responsabilidad, profesionalidad y audacia política para abordar temas sensibles.

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