Entre los diferentes problemas que afectan la inclusión social de los jóvenes, los relacionados con la educación y el empleo representan uno de los más importantes desafíos para las políticas públicas. No sólo por sus preocupantes implicancias a corto y largo plazo, sino también porque en esta temprana etapa se definen cuestiones que determinan decisivamente las posibilidades de desarrollo y progreso para el resto de la vida. La exclusión de los jóvenes del sistema educativo y del mercado de trabajo produce enormes daños individuales y familiares, retroalimenta procesos de exclusión y abre las puertas a algunos comportamientos muy perjudiciales, como la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia.
Según los datos del INDEC, la tasa de empleo promedio del mercado laboral argentino en el 4° trimestre de 2009 era del 67% para los varones mayores de 14 años y del 43,5% para las mujeres. Pero entre los jóvenes de 15 a 29 años la tasa de empleo apenas alcanzaba el 50,7% para los varones y el 32,6% para las mujeres. Si bien en esta menor tasa de ocupación influye el hecho de que muchos jóvenes otorguen prioridad a sus estudios, las restricciones para encontrar empleo tienen una significativa incidencia. En este sentido, también es útil observar los diferenciales existentes en las tasas de desempleo: mientras que el nivel general de desempleo es un 8,4% de la población económicamente activa, entre los varones de 15 a 29 años alcanza al 13,5% y entre las mujeres al 18,8%. De todas formas, la tasa de desempleo refleja sólo una parte de los problemas laborales de los jóvenes.





