El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) confirmó que la economía está estancada. Más allá del comportamiento zigzagueante entre meses, la tendencia prevaleciente desde comienzos del año pasado es el estancamiento. La producción que no crece, el fuerte proceso de adaptación de las empresas al escenario de más estabilidad e integración al mundo e importantes reformas estructurales que siguen pendientes (la más importante es la tributaria) explican que en el mercado de trabajo la destrucción de empleos formales sea intensa y estén siendo reemplazados por empleos informales.
Este comportamiento coyuntural forma parte de una degradación de larga data. Desde el 2012 la economía tiene un comportamiento cíclico de picos y caídas, pero en la tendencia se encuentra prácticamente en una planicie. A esto se sumaron las aceleraciones inflacionarias que tuvieron fuertes impactos negativos en las remuneraciones reales al trabajo. El salario real formal promedio es hoy un 25% inferior al que había en el 2012. Al considerar estas tendencias se entiende que prevalezca tanto malestar en la gente con un sentimiento compartido de falta de capacidad adquisitiva.
¿Qué explica este largo proceso de estancamiento productivo y caída de salario real? Información recientemente publicada por el INDEC permite echar luz sobre el tema. Según datos del ente estadístico oficial entre el 2016 y el 2025 se observa que:
- La inversión en maquinarias y equipos subió un 15%.
- Las horas trabajadas se incrementaron en un 11%.
- El Producto Bruto Interno aumentó sólo un 5%.
Estos datos muestran que aumenta el stock de capital físico y las horas trabajadas en proporciones mucho más altas que la producción. Es decir, para producir la misma cantidad de bienes y servicios se necesitan cada vez más horas de trabajo y más inversión. Esta sistemática caída en la productividad es un factor decisivo en el comportamiento de los salarios reales. Revertir este proceso es clave para responder con efectividad a la aspiración compartida de mejorar la capacidad adquisitiva de la población.
La baja productividad es consecuencia de un entorno que induce a prácticas ineficientes en los procesos de producción y comercialización. Los ejemplos son innumerables. Situaciones muy ilustrativas se dan en el mercado cambiario donde hubo y hay que seguir lidiando con barreras burocráticas y legales para importar insumos y conseguir divisas. Por otro lado, son enormes los esfuerzos administrativos para pagar los impuestos. También los esfuerzos jurídicos para defenderse de las arbitrariedades del Estado. La organización de los recursos humanos está condicionada por convenios colectivos de trabajo de las décadas del ’70 y del ’80 cuando ni siquiera había computadoras en los lugares de trabajo. A esto se suma el estado decrépito de la infraestructura, el deterioro de la educación, el permanente cambio en las reglas de juego y la muy alta inseguridad pública.
Para mejorar la productividad es imprescindible mejorar el entorno bajo el que opera la economía. Es decir, crear las condiciones para que los que producen sean más eficientes en el uso del capital y del trabajo. Para ello es imprescindible una modernización integral del sector público en sus tres niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal). De aquí la relevancia estratégica de un acuerdo de coordinación tributaria y de responsabilidades entre la Nación y las provincias y de éstas con sus municipios. Esta es la manera de abordar desafíos tan complejos como la simplificación del sistema tributario y la mejora en la calidad de los servicios públicos a cargo de los tres niveles de gobierno.
La única manera de responder con eficacia a las legítimas expectativas de mejorar los ingresos de las familias es aumentando la productividad. Esto es creando un entorno que le facilite la vida a los que producen y les permita adoptar las prácticas más eficientes. Para lograrlo, el Estado no solo tiene que estar financieramente equilibrado sino también mejorar sustancialmente su organización para proveer bienes públicos de alta calidad.





