El problema no es la deuda sino el déficit fiscal - IDESA


Informe Nº: 82401/09/2019

El problema no es la deuda sino el déficit fiscal

En el marco de la profundización de la crisis, el gobierno nacional tomó la decisión de reprogramar el pago de la deuda pública. Para los pasivos de corto plazo estableció la postergación de las amortizaciones de las Letras de Tesorería (LETES). Para los bonos de mediano plazo el objetivo es acordar con los acreedores la extensión de los vencimientos sin aplicar quitas de capital y manteniendo las mismas tasas de interés.

Para habilitar esta instancia de negociación el gobierno anunció que elevará un proyecto de ley al Congreso. La idea es involucrar a las fuerzas políticas representadas en el Congreso en la discusión sobre el alcance y los contenidos de dicha negociación buscando que la reprogramación sea ordenada. La meta, siguiendo la estrategia que aplicó Uruguay en la crisis del 2002, es evitar la caótica situación provocada en la economía nacional y en el mercado financiero internacional con la última declaración de default.

La atención y las polémicas están centradas en cómo abordar la deuda. Pero el tema más relevante es explicar por qué se acumuló un nivel de endeudamiento tan insostenible. Para ello resulta pertinente desagregar el déficit fiscal total en sus dos principales componentes: el déficit primario y los pagos de intereses. Tomando información publicada por el Ministerio de Hacienda para el primer semestre de cada año se observa que:

  • En el 2015 el déficit primario era de 3,3% y el pago de intereses de 1,5% del PBI.
  • En el 2017 el déficit primario bajó a 2,9% pero el pago de intereses subió a 2,2% del PBI.
  • En el 2019 el déficit primario se convirtió en un superávit primario de 0,3% pero el pago de intereses subió a 3,1% del PBI.

Estos datos ponen en evidencia la inconsistencia de la estrategia original del gobierno nacional de ir bajando gradualmente el déficit fiscal primario financiando la transición con deuda pública. La principal contradicción fue que la baja en el déficit primario no llegó a neutralizar el impacto de los mayores intereses que se derivaban del creciente endeudamiento provocado por la acumulación de desequilibrios. Junto con el crecimiento de la deuda aumentaron las dudas sobre la capacidad de pago, provocando las corridas y fuertes devaluaciones del 2018 que aumentaron aún más los pagos de intereses. Así, si bien en la primera mitad del 2009 se logra con mucho esfuerzo el superávit primario, los pagos de intereses ya pasaron a ser el doble en términos del PBI respecto al 2015.  

El principal error fue no haber abordado las reformas estructurales que den sustentabilidad al sector público. El origen del fracaso fue suponer que espontáneamente el crecimiento económico por sí mismo alcanzaría para licuar los desequilibrios del Estado. Por estas mismas razones, el desafío para el nuevo gobierno no es la reprogramación de la deuda, sino lograr el equilibrio de las cuentas públicas para evitar una nueva crisis por exceso de endeudamiento y/o de emisión de moneda espuria.

Para ello es esencial abordar, en acuerdo con los gobiernos provinciales, con inmediatez y solvencia tres reformas que el actual gobierno eludió. Por un lado, cambiar las reglas de funcionamiento del sistema previsional para recuperar sustentabilidad y equidad. Entre otros temas, eliminar duplicaciones de beneficios y regímenes especiales de privilegios y establecer mecanismos automáticos de adaptación del sistema al envejecimiento demográfico. El otro punto clave es acompañar la devolución del 15% de la masa coparticipable a las provincias y la compensación por la licuación del Fondo del Conubano a la provincia de Buenos Aires, con el desmantelamiento de todos los organismos y programas nacionales que se superponen con funciones provinciales y municipales. Finalmente, es crucial avanzar en la simplificación tributaria en base a la unificación de impuestos nacionales, provinciales y municipales.

Si bien la discusión que ahora se plantea en el Congreso es la reprogramación de la deuda, el problema central es el déficit fiscal. La razón es muy simple: no habría deuda si no hubiese habido déficit fiscal. Por eso, de cara al futuro, más importante que reprogramar los vencimientos de la deuda actual, es tomar las medidas para equilibrar estructuralmente al sector público y así evitar otras crisis por exceso de endeudamiento.

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